El aula se traslada al Museo

El pasado viernes 26 de Abril nuestra clase se trasladó al Museo de Bellas Artes de Sevilla. Por fin íbamos a visitar realmente las galerías de la pinacoteca de nuestra ciudad.

Cuando llegamos, hicimos nuestra asamblea en la plaza del museo. Tuvimos tiempo de hacer numerosas actividades antes de entrar. La primera, recordar las normas de este espacio. Ya habíamos repetido en muchas ocasiones que bajo ningún concepto las obras se tocan pero… ¿por qué?.  Llegó el momento de hacer el experimento del espejo, así lo entenderíamos mucho mejor. Cogimos un espejo reluciente y fuimos posando nuestro dedo en él. Cuando todos hubimos hecho lo mismo, pudimos comprobar que el espejo estaba lleno de huellas. Ésto, nos ayudó a entender que, aunque veamos nuestras manos limpias, éstas contienen una grasa que impregnan todo lo que tocan. En el cuadro no lo apreciaríamos pero ocurriría igual.

Además, los cuadros son muy antiguos, tienen muchos años e incluso algunos llegan a enfermar. ¿Dónde acuden cuando están enfermos?. Pues al restaurador que es el “médico” de las obras de arte. Cuando un restaurador trata un cuadro primero tiene que hacerle muchas pruebas para dar con el diagnóstico y tratamiento adecuado para dejar al cuadro “curado”.

Profundizamos sobre el tipo de pinturas que utilizaban en la antigüedad. Ahora, cómodamente, vamos a la tienda y compramos todo tipo de pinturas. Esa comodidad no la tenían los pintores de aquéllas épocas. Utilizaban pigmentos de colores y para poder utilizarlos necesitaban aglutinar esos colores. Así, si mezclaban los pigmentos con huevo harían una pintura que se llamaba temple. Y… ¿por qué no probar?.  Allí teníamos preparado un huevo y pigmentos. Nuestra compañera Carmen se encargó de hacer el temple para que todos disfrutáramos del resultado.

Después, estuvimos hablando sobre el edificio del Museo de Bellas Artes. También es muy antiguo pero… ¿cuándo se terminó de construir?. Para averiguarlo hicimos el juego de las fechas. Ocho compañeros y compañeras tenían un número que debían ordenar. Previamente, habíamos dicho los números que tenían ambos años y…¡lo averiguamos!. Trabajar en equipo siempre tiene su recompensa. También descubrimos qué albergaba antes de ser el museo, ¡un convento!. Nos revelaron la orden a la que pertenecían y aprendimos el escudo de la hermandad de los mercedarios.

Casi estábamos a punto de entrar pero antes… ¿qué música escucharíamos para visitar el Museo?. Escuchamos alguna que otra canción de moda que aunque nos encantó las descartamos… definitivamente elegimos música clásica o música relajante.

Por fin, dentro del museo. En taquilla nos dieron la entrada que guardaríamos en las bolsitas que llevábamos para tal fin. ¿Qué número de visitante seríamos?.  En la entrada nos recibió el guarda de seguridad. Tras recordarnos nuevamente las normas, nos dio paso al precioso patio del aljibe. ¡Nos asomamos! pero… ¿por dónde seguir? ¡No sabíamos que camino tomar para disfrutar de la exposición!. De repente, una llamada de teléfono nos solucionó el problema. Fuimos informados de que en el patio de los boj encontraríamos un mapa con unas instrucciones. Diligentemente, algunos compañeros fueron  y se perdieron por los setos; al cabo de unos segundos, ¡habían encontrado el mapa!. Era la ruta que deberíamos seguir. El mapa iba acompañado de unas instrucciones muy claras. El recorrido era al revés: salas V, IV, III, II, I  era el camino que deberíamos hacer.

Escuchar el recorrido

Una vez conocido el itinerario,  pasamos por debajo de una escalera y… gracias a nuestros visores ¡encontramos el escudo de la orden de los Mercedarios!. Seguimos nuestro paseo hacia la sala V y descubrimos un hermoso reloj de sol. Nos detuvimos y pudimos observarlo durante unos segundos. Al finalizar, nos dirigimos a la sala V. ¡Guau! ¡Era inmensa! ¿Qué forma tienen los cuadros? ¿Cuál es el tamaño?¿Cómo los habrán pintado? Todas estas preguntas encontraron su respuesta.

Nos separamos por grupos para contar los ángeles que había en cada uno de los laterales de la sala y cuando hubimos terminado nos dirigimos rodeando la nave del crucero y nos sorprendió conocer que todos los cuadros que estaban allí eran del mismo pintor: Bartolomé Esteban Murillo.  Entonces jugamos al “Veo Veo”. Mostramos cartones con detalles de algunas obras y… no tardamos en reconocer que esos detalles pertenecían a  los cuadros de Santa Justa y Rufina o la Virgen con el niño.

Observamos muy bien las pinturas e imaginamos qué telas podían llevar las protagonistas de los cuadros. Como llevábamos muchas muestras las sacamos y estuvimos eligiendo los tejidos más apropiados.

No queríamos irnos de allí sin sentirnos pintores del museo; así pues, armados de lápiz y papel copiamos La Virgen con el niño.

El tiempo apremiaba y aún nos quedaba mucho por ver. Nos fuimos a la sala IV y escuchamos un sonido conocido. ¡El zumbido de una mosca!. Estaba escondida en el cuadro de La Purificación pintado por Luis de Vargas. Seguimos caminando y nos encontramos con la escultura de San Jerónimo Penitente, ¿seríamos capaces de imitar su difícil postura?. Algunos lo intentaron y sólo algunos lo consiguieron. A continuación nos detuvimos en el Retablo de la Redención de Juan Giralte para  calcular cuantos “cuadros” tenía la obra. ¿De qué material estaba hecho? Todos hallamos la solución, evidentemente no era un lienzo sino un ¡relieve en madera!.

Y es que el museo está lleno de sorpresas. Como veníamos de enumerar una obra, cuando nos quedamos frente al  Tríptico del Calvario de Frans Francken I, no nos dejamos engañar por lo que únicamente veían nuestros ojos, tres cuadros, nos asomamos cuidadosamente y en los laterales pudimos observar que había dos pinturas más. Es decir cinco, de las que dos estaban escondidas. ¡Qué buenos investigadores!

En la última sala, la I, vimos lo que tantas veces habíamos comentado en clase, el pasacuadros. Pese a lo bien camuflado que está, nosotros…¡lo encontramos!

Ya en la calle, nos hicimos una foto para el recuerdo y cantamos las canciones del museo, esas que tantas y tantas veces hemos repetido a lo largo de nuestro proyecto.

¿Queréis escucharlas otra vez?

-Santa Justa y Rufina

-Sobre Murillo

-Las pinturas de Murillo

-Un cuadro, dos cuadros, tres cuadros

Y ahora os dejamos con los mejores momentos de aquél día. A qué ¿os hubiera gustado venir? Pues, volved con ellos y dejad que os guíen.

Ya en el cole… recordaríamos nuestra estancia en el museo con este cuaderno de actividades diseñado para el trabajo posterior a la visita. ¡No se nos va a olvidar nada!.

Para saber más sobre el museo:

El Museo de Bellas Artes de Sevilla

8 thoughts on “El aula se traslada al Museo

  1. No he podido irme a dormir sin disfrutar de esta nueva entrada de DESCUAULA. ¡Genial! ¡Gracias, seño!

  2. Qué manera de culminar el proyecto del museo. Muchísimas gracias por compartirlo. Desde luego que nos hubiera encantado haber hecho la visita con vosotros. Qué digo visita. Aventura.
    ¡Gracias de nuevo!

    PD. El experimento del espejo no puede ser más ilustrativo. ¡Sencillamente genial!

  3. como siempre sin palabras,no se que vamos ha hacer sin ti y sin tus aventuras, bueno a la espera del nuevo reto ,excursion sierra norte

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